Las nuevas sedes diplomáticas estarán ubicadas en Nuuk y, según confirmaron ambos gobiernos, servirán para profundizar la cooperación con las autoridades locales en áreas clave como el cambio climático, el desarrollo sostenible y la protección de los derechos de los pueblos indígenas. Desde Ottawa, se informó que la ministra de Exteriores, Anita Anand, encabezará el proceso de instalación del consulado canadiense.
La medida se produce tras semanas de tensión provocadas por los planteamientos del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha insistido en que Groenlandia representa un interés estratégico vital para Washington. Estas afirmaciones generaron un rechazo inmediato tanto en Dinamarca como en el propio territorio autónomo, que reiteraron que cualquier decisión sobre su futuro debe respetar su estatus y voluntad política.
Desde Francia, el designado cónsul Jean Noël Poirier afirmó que la presencia diplomática europea en la isla busca, ante todo, escuchar a la población groenlandesa y confirmar el respaldo de París dentro del marco acordado con Dinamarca. En la misma línea, autoridades locales valoraron la apertura de los consulados como un gesto de apoyo frente a las presiones externas.
Analistas consideran que el interés internacional por Groenlandia no se limita al plano político. Bajo su vasta capa de hielo se concentran importantes reservas de minerales estratégicos, especialmente tierras raras, además de una significativa proporción del agua dulce del planeta. A esto se suma su ubicación privilegiada en el Ártico, clave para las futuras rutas marítimas y para los sistemas de defensa vinculados a la OTAN.
Para académicos como Jeppe Strandsbjerg, de la Universidad de Groenlandia, la llegada de nuevas representaciones diplomáticas es interpretada por la ciudadanía como una señal de reconocimiento y acompañamiento internacional. En ese contexto, la presencia de Canadá y Francia refuerza la posición de Groenlandia en un escenario geopolítico cada vez más disputado.
Redacción: Forum News