Así nació la tradición de las palillonas en Honduras

NACIONALES EDITOR DM
Cada 15 de septiembre, las calles de Honduras se llenan de música, banderas, uniformes y color para conmemorar la independencia, pero entre las imágenes que año con año quedan grabadas en la memoria de los hondureños están las palillonas. Esta tradición nació en 1946, en Tegucigalpa, por iniciativa de Estela Pineda de Ugarte, directora del Instituto Sagrado Corazón, quien buscaba darle mayor dinamismo y color a los desfiles patrios.

En aquellos años, las celebraciones tenían un carácter mucho más solemne y las presentaciones estudiantiles eran distintas a las que hoy se observan en las calles. La propuesta de Pineda de Ugarte marcó un antes y un después al incorporar a jóvenes que, por su belleza, representaban a las mujeres hondureñas durante las actividades conmemorativas. 

Los primeros atuendos también cuentan parte de esa historia. Las palillonas utilizaban vestidos con faldas hasta la rodilla, una vestimenta que hoy puede parecer conservadora, pero que para la sociedad de aquella época era considerada bastante atrevida. El concepto de pudor predominante entonces establecía límites que con el paso de los años fueron cambiando junto con la tradición.


La década de 1950 trajo consigo nuevas formas de vivir los desfiles patrios. Los trajes comenzaron a incorporar más color y las jóvenes tuvieron mayor libertad para lucir sus vestuarios y realizar movimientos durante las presentaciones, haciendo que la participación de las palillonas adquiriera una presencia cada vez más destacada ante el público.

Por esos mismos años también se produjeron cambios importantes en las bandas que acompañaban las actividades. Los institutos Salesianos San Miguel y Central Vicente Cáceres renovaron sus bandas cívicas y de guerra, mientras que, según los relatos sobre aquella época, miembros del Ejército se encargaban de entrenarlas, razón por la que adquirieron el término de bandas marciales.

Con el paso del tiempo, aquella iniciativa que buscaba darle color y movimiento a una celebración terminó convirtiéndose en una tradición que atravesó generaciones. Los trajes evolucionaron, las faldas dejaron atrás el largo de los primeros años y las presentaciones fueron adquiriendo nuevas características, pero la presencia de las palillonas permaneció como parte de la imagen de los desfiles hondureños.


Su participación también se transformó en uno de los momentos que más atención despierta entre quienes presencian las celebraciones patrias. La belleza de las jóvenes, sus vestuarios y las coreografías que realizan frente al público las han llevado a ocupar un lugar especial dentro de las postales que cada año dejan los desfiles del 15 de septiembre.

Así, detrás de cada presentación de palillonas existe una historia que comenzó hace 80 años y que sigue caminando por las calles de Honduras. Desde aquella iniciativa surgida en un instituto de Tegucigalpa hasta las actuales celebraciones, esta tradición forma parte de una fecha en la que el país también recuerda y enaltece su cultura, su historia, sus costumbres y la identidad de su gente.

(Forum News) 
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