La nueva estrategia canadiense se ha materializado en decisiones concretas en materia energética, militar y comercial, donde el objetivo central es diversificar socios y reducir vulnerabilidades estructurales. El país norteamericano ha comenzado a reforzar su presencia en Europa como destino clave para exportaciones estratégicas, al tiempo que amplía su margen de maniobra en el escenario internacional sin romper completamente su vínculo con Estados Unidos.
En el ámbito de defensa, Canadá ha avanzado en negociaciones con la empresa sueca Saab para la adquisición de aviones de alerta temprana GlobalEye, un contrato en el que también competían compañías estadounidenses. A esto se suma la evaluación de una nueva flota de hasta 12 submarinos, con ofertas de un consorcio germano-noruego y de una empresa surcoreana, lo que evidencia una apertura hacia proveedores distintos a los tradicionales.
Asimismo, el Gobierno canadiense mantiene en revisión su plan de compra de cazas furtivos F-35 de origen estadounidense, lo que podría derivar en una eventual sustitución por aeronaves europeas como los Gripen de Saab. Este replanteamiento forma parte de una política más amplia que busca fortalecer la autonomía militar y reducir la dependencia tecnológica de Washington en sistemas estratégicos de defensa.
En el sector energético, Ottawa anunció un acuerdo para exportar gas natural licuado a Alemania, marcando un paso significativo en la diversificación de sus mercados energéticos. Este movimiento refuerza la conexión con Europa y posiciona a Canadá como un proveedor alternativo en un contexto global de reconfiguración energética, especialmente tras la volatilidad de los últimos años en el mercado internacional.
El primer ministro Carney ha defendido públicamente este cambio de rumbo con declaraciones contundentes, afirmando: «Los días en que nuestras fuerzas armadas gastaban 70 centavos de cada dólar en Estados Unidos se han acabado». También ha señalado que Canadá “nunca debe volver a depender de otros” en materia de defensa, subrayando la necesidad de reforzar la soberanía industrial y militar del país.
En el plano económico, la dependencia de Estados Unidos sigue siendo alta, ya que absorbe cerca del 75 % de las exportaciones canadienses y suministra aproximadamente la mitad de sus importaciones. Sin embargo, el Gobierno considera que esta integración profunda ha generado vulnerabilidades, por lo que apuesta por ampliar relaciones con Europa, Asia y otras regiones para equilibrar su exposición económica y estratégica.
Aunque este giro no implica una ruptura con Washington, sí representa una redefinición del vínculo bilateral. Canadá mantiene a Estados Unidos como socio clave en comercio, energía y defensa continental, pero su prioridad ahora es diversificar alianzas para ganar mayor independencia económica y capacidad de decisión en el escenario internacional.
Redacción: Forum News