En los templos, los fieles acudieron a la misa dominical, considerada la más importante del calendario litúrgico. Durante la celebración, el encendido del Cirio Pascual simbolizó a Cristo resucitado y marcó el inicio del tiempo pascual, un periodo de cincuenta días en el que la Iglesia recuerda las apariciones de Jesús a sus discípulos antes de la Ascensión.
En Tegucigalpa, específicamente en la Basílica Menor de Suyapa, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez dirigió la homilía principal, en la que vinculó el mensaje de la resurrección con la realidad actual del país. “La resurrección de Cristo nos compromete a defender la vida en un mundo que está matando cada día, con guerra, con violencia”, expresó ante los asistentes.
El cardenal también lamentó que continúen problemas como los feminicidios y otros hechos violentos, por lo que instó a la población a generar cambios reales. Su llamado se centró en promover el respeto a la vida y en construir una sociedad más justa a partir de acciones concretas.
Por su parte, el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher, destacó el sentido de la celebración y su impacto en la vida cotidiana de los creyentes. “La resurrección de Cristo es una invitación a establecer un orden basado en la esperanza”, afirmó, al tiempo que exhortó a los fieles a reflejar ese mensaje en su comportamiento diario.
Las manifestaciones de fe también se trasladaron a las calles. En Comayagüela, las tradicionales Carreritas de San Juan reunieron a jóvenes y adultos que cargaron imágenes religiosas como San Juan Evangelista, la Virgen María y San Pedro, recorriendo distintos sectores entre cantos y muestras de alegría. Esta actividad simboliza el anuncio de la resurrección y el paso del duelo a la celebración.
En Comayagua, considerada uno de los principales destinos de turismo religioso en Honduras, miles de visitantes participaron en las actividades de cierre de la Semana Santa, donde la fe, la cultura y la tradición se combinaron para atraer tanto a hondureños como a extranjeros. Mientras tanto, en Intibucá, la tradicional procesión de fuego iluminó las calles con velas y antorchas, convirtiéndose en una de las expresiones más representativas de la devoción durante esta fecha.
A nivel nacional, cada parroquia vivió la celebración con cantos, oraciones y procesiones, manteniendo vivas las tradiciones que han sido transmitidas de generación en generación. La jornada reflejó el paso del recogimiento del Triduo Pascual hacia un ambiente de alegría y esperanza por la resurrección de Cristo.
El movimiento de personas durante la Semana Santa también fue significativo. Según datos del Instituto Nacional de Migración, al país ingresaron 98,383 personas, de las cuales 40,708 eran hondureños retornando del exterior, mientras que el resto correspondió a extranjeros, principalmente de la región y Norteamérica.
De esta manera, entre actividades religiosas, tradiciones y alta movilización de visitantes, Honduras celebró el Domingo de Resurrección como una fecha que combinó fe y reflexión, pero también participación colectiva en todo el territorio nacional.